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Paz con Dios

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El Temor al Hombre

Lo que más debilita nuestro ministerio

El temor al hombre es lo que más debilita nuestro ministerio. ¿Qué es el temor al hombre?

El temor al hombre es preocuparnos por lo que dirán. Es querer evitar la crítica. Es desear su aprobación. Es temer a que nos despidan o saquen del liderazgo. Es preocuparnos por si las personas van a regresar a la iglesia o dejarnos.

Cuando tememos a alguien, nos controla. Por lo tanto, obedecemos a la persona que tememos. El temor al hombre nos hace:

  • Quedarnos callados en vez de hablar con valor
  • No confesar nuestro pecado
  • No enfrentar el pecado en otros
  • No aplicar la disciplina en la iglesia
  • No guiar a la iglesia con la visión que Dios nos da
  • Seguir los caprichos de la gente

Cuando tememos al hombre, siempre estamos inseguros. Nunca sabemos quién se va a molestar con nosotros. Ministramos con incertidumbre y preocupación constante.

Es peligrosísimo para el líder temer al hombre.

Proverbios 29 25 El temor al hombre es un lazo, Pero el que confía en el SEÑOR estará seguro.

1 Samuel 15 24 Entonces Saúl dijo a Samuel: “He pecado. En verdad he quebrantado el mandamiento del SEÑOR y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz.

¿Cuándo en tu ministerio has dejado que el temor del hombre te hiciera no decir o hacer algo que Dios quería que dijeras o hicieras?

Debemos temer y obedecer a Dios, no al hombre

Como todos los profetas de Dios, los líderes de su iglesia hoy día deben ser personas que siguen su guía, no importa las consecuencias.

Esto empieza por temer más a Dios que a los hombres:

Isaías 51 12 “Yo, Yo soy su consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal, Y al hijo del hombre que como hierba es tratado?

2 Reyes 6 16 Y él respondió: “No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos.”

Proverbios 9 10 El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR, Y el conocimiento del Santo es inteligencia.

Lucas 12 4 “Así que Yo les digo, amigos Míos: no teman a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen nada más que puedan hacer.

Dios es el gran Rey del universo. Temerle es respetarlo, es honrarlo, es santificarlo. Temer a Dios es reconocer que:

  • Su palabra y voluntad importa, no la del hombre
  • Él — y no los hombres — controla el futuro de nuestra vida y de nuestra iglesia
  • Su aprobación — no la de ninguna persona — es la única que cuenta

Cuando tememos a Dios más que a los hombres, obedeceremos a Dios. Hablaremos la verdad en amor con valor, guiaremos a la iglesia hacia la visión que Él nos ha dado, y confrontaremos el pecado y la incredulidad.

Cuando tememos a Dios en vez de los hombres, tenemos mucha seguridad. Ministramos con confianza, porque sabemos que no importa qué hagan, ni qué piensen, ni qué digan los demás — nuestro Padre está feliz con nosotros —. Y esto es más que suficiente para que estemos confiados y tranquilos.

Confesarlo y cuidarnos

Vivir libre del temor al hombre tiene dos partes: confesarlo y cuidarnos.

Como todo pecado, para librarnos del temor al hombre, tenemos que confesar nuestro temor al hombre. Tenemos que :

  • Nombrar las personas tememos, que nos controlan
  • Nombrar las veces que no hemos guiado con la visión de Dios por temor al hombre
  • Nombrar las veces que no hemos hablado con valor por temor

Luego, tenemos que cuidar nuestra vida del temor del hombre. Nos cuidamos por constantemente por exaltar a Dios en nuestra mente y corazón, y así aprender a temer más y más a Dios. También, nos cuidamos por vigilar nuestras acciones y motivaciones, para cuando el temor al hombre esté empezando a ser un factor en nuestro liderazgo.

¡Seamos líderes que teman y obedezcan solamente a Dios!

Tiempo Personal con Dios

Perdemos nuestro tiempo con Dios

Los líderes en la iglesia corremos el riesgo común y constante de perder nuestro tiempo con Dios en medio de nuestro trabajo en el ministerio.

El trabajo de líder requiere mucha actividad espiritual. Pasamos mucho tiempo estudiando la Biblia para preparar nuestros estudios y mensajes. Además, oramos frecuentemente en las diferentes reuniones y servicios.

El problema es que substituimos nuestro tiempo personal con Dios por esta actividad espiritual. Poco a poco, dejamos nuestra oración y lectura de la Biblia, y sólo leemos la biblia y oramos para ministrar a otros.

Sabemos que tenemos un problema cuando leemos la Biblia más para preparar mensajes que para escuchar a Dios, y cuando oramos más en público que en privado.

Debemos buscar a Dios para nosotros mismos

Nuestro ejemplo en esta área de la vida — igual que en todo lo demás — debe ser Jesús. Jesús pasaba tiempo personal con Dios; hablaba con su Padre en privado.

Lucas 5:16 Pero con frecuencia El se retiraba a lugares solitarios y oraba.

Aparte de nuestro ministerio público, debemos cultivar nuestra relación personal con Dios.

Debemos orar en privado, y así conversar con nuestro Padre.

Debemos leer la Biblia devocionalmente, para escuchar a Dios personalmente. Esta lectura debe ser aparte del estudio que hacemos para preparar mensajes y enseñanzas.

Debemos ayunar regularmente, para buscar con intensidad a Dios. No sólo para pedir su guía y bendición sobre nuestro ministerio, sino para acercarnos más y más a nuestro Padre.

Pasemos tiempo con Dios diariamente

Cada Cristiano debe pasar tiempo privado con Dios cada día. ¡Cuánto más nosotros los líderes en la iglesia!

Creamos y perseveremos en el hábito diario de leer la Biblia y orar en privado, sólo para alimentar nuestro alma y acercarnos más a Dios.

¡Seamos líderes que tienen una relación íntima, personal y fuerte con nuestro Padre!

El Testimonio del Líder

Una posesión sumamente valiosa

Una de las más valiosas posesiones que tiene el líder en la iglesia es su testimonio. Su testimonio es su reputación como persona, Cristiano y líder.

Cuando Pablo dijo que los líderes principales de la iglesia tenían que ser hombres irreprensibles (1 Timoteo 3:2), estaba haciendo referencia a lo esencial que es el testimonio del líder.

Nuestro testimonio es lo que nos da nuestra plataforma; es la razón que nos escuchan. Nuestro testimonio nos da credibilidad; nos hacen caso, nos buscan y confían en nosotros por nuestro testimonio.

Nuestro mal testimonio tiene un gran impacto sobre nuestro ministerio también. El mal testimonio nos quita credibilidad y ahuyenta a la gente.

El testimonio es sumamente valioso y importante porque:

El testimonio define al líder

Nuestro liderazgo es determinado por nuestro testimonio. Claro que hallamos nuestra identidad en Cristo, no en nuestro testimonio; y encontramos nuestro poder en el ministerio en el Espíritu, no en lo ejemplar que ha sido nuestra vida. No obstante, nuestro liderazgo en la iglesia descansa sobre nuestro testimonio; de cierta forma, nuestro testimonio define lo que somos como líderes.

El apóstol Pablo nos da un gran ejemplo del valor del testimonio de líder. Mira lo que dice a los ancianos de Efesio cuando se estaba despidiéndose de ellos:

Hechos 20 31 “Por tanto, estén alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas. 32 “Ahora los encomiendo a Dios y a la palabra de Su gracia, que es poderosa para edificarlos y darles la herencia entre todos los santificados. 33 “Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. 34 “Ustedes saben que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. 35 “En todo les mostré que así, trabajando, deben ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir.’”

También, su vida fue el modelo que su discípulo Timoteo sigió.

2 Timoteo 3 10 Pero tú has seguido mi enseñanza, mi conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia,

El impacto de nuestro discipulado y ministerio fluyó de nuestro testimonio. Por lo tanto, debemos:

Cuidar nuestro testimonio

Si el testimonio es tan importante para nuestro liderazgo, debemos constantemente cuidarlo. ¿Cómo desarrollamos un testimonio que apoye a nuestro ministerio? Por imitar a Cristo. La definición del buen testimonio del Cristiano es ser como Jesús (1 Juan 2:6 y Filipenses 3:8-14). Cuidamos nuestro testimonio cuando nos esforzamos a ser más y más como Cristo.

El testimonio no es ser perfecto. No mejoramos ni cuidamos el testimonio por esconder nuestras imperfecciones e intentar ser más santos de lo que somos. Más bien, confesar y arrepentirnos de nuestro pecado ayuda a establecer nuestro testimonio como personas reales que están luchando por imitar mejor a Jesús.

Recuerda, el testimonio se construye a través de mucho tiempo; poco a poco, día tras día, año tras año. El testimonio que hoy tenemos es el resumen de nuestra vida hasta el momento. El testimonio es formado por perseverar. Nuestra perseverancia en la obra del Reino, en nuestra relación con Dios, en la búsqueda de santidad y en buenas obras va construyendo nuestro testimonio.

Aunque el testimonio está hecho a través de mucho tiempo, puede ser deshecho mucho más fácilmente. Con una mala decisión, por escoger un mal camino, por dejar de perseverar en la vida o ministerio, se deshace el testimonio que hemos construido hasta el momento. Cuando esto pasa, no cuenta por nada todo lo del pasado. Claro que en su gracia, Dios puede restaurar testimonios arruinados. Pero cuidamos nuestro testimonio por no escoger caminos que nos llevarán a destruirlo.

¡Seamos líderes que en cada momento piensen en su testimonio; que cuiden su testimonio; que perseveren en el camino en que Dios los ha puesto!

La Identidad del Líder

Identidad equivocada

Los que somos líderes en la iglesia frecuentemente adoptamos una identidad equivocada. Hallamos nuestra identidad en ser líderes. La identidad es lo que pensamos que somos en nuestro núcleo. Llegamos a creer que nuestro puesto de liderazgo es nuestra identidad: “Soy pastor”; “soy un plantador de iglesias”, “soy un predicador”, “soy líder de un grupo célula”.

Por dedicarnos tanto al trabajo en el Reino, nuestro puesto y responsabilidad llega a ser lo que somos. Sin esto, no sabríamos quiénes somos. Si no tuviéramos este liderazgo, estaríamos perdidos.

Esta identidad equivocada entra en nuestra relación con Dios. ¿Quién soy como Cristiano? Soy un pastor. ¿Cómo me relaciono con Dios? Soy líder en su iglesia. Trabajar en su Reino llega a ser como nos identificamos en relación con Dios.

Buscamos nuestro valor en nuestra identidad. Por identificarnos con nuestro ministerio, ligamos nuestro valor como personas y Cristianos al mismo ministerio: Cuando va bien, sentimos bien; cuando va mal, sentimos mal.

Identidad verdadera

Como líderes en la iglesia, desesperadamente necesitamos un cambio de identidad. Ser hijo de Dios es la verdadera identidad de cada Cristiano.

Gálatas 3 26 Pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. 27 Porque todos los que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido.

Gálatas 2 20 “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

En Cristo, hallamos nuestra verdadera identidad:

  • En Cristo, somos los hijos adoptados de Dios (Gálatas 4:4-7)
  • En Cristo, somos amados y aprobados (Efesios 1:6 y Efesios 5:1)
  • En Cristo, somos perdonados (Romanos 5:1 y Romanos 8:1)
  • En Cristo, somos llenos del Espíritu (Hechos 2:38-39)

En Cristo, somos completos:

Colosenses 2 10 y ustedes han sido hechos completos (han alcanzado plenitud) en El, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad.

Por lo tanto, nuestro ministerio no es quiénes somos. Nuestra identidad real no es el ser ministro, pastor o líder. Nuestro valor ni se mide por ni se encuentra en los resultados de nuestro ministerio.

Luchar por fijar tu identidad en Cristo

La tentación de basar nuestra identidad en nuestro ministerio es constante. Por esta razón tenemos que luchar por fijar nuestra identidad en Cristo, no en lo que somos en el ministerio.

Una forma de luchar es afirmar la realidad de nuestra identidad verdadera. Podemos repetir frases como:

  • “Yo no soy mi trabajo, soy hijo de Dios”
  • “Mi puesto de liderazgo no me define, estoy completo en Cristo”
  • “Soy el hijo adoptivo de Dios”
  • “Soy amado y perdonado por mi Padre”

Más que ponemos nuestra identidad en nuestra relación con Dios, menos nos afectan los altos y bajos de nuestro liderazgo. Ni lo bueno nos hará sentir orgullo; ni lo malo nos destruirá. Estaremos seguros y confiados.

¡Seamos líderes cuya identidad está firmamente puesta en la relación que tenemos con Dios, por medio de Jesús!