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Es fácil no tomar al Reino de Dios en serio.
El ministerio llega a ser más una carga que una pasión. Las reuniones de la iglesia se convierten en un compromiso en vez de la oportunidad anticipada de adorar a Dios con nuestros hermanos. Vemos a la iglesia como fuente de lo que necesitamos (ayuda, amistad, dinero) en vez del cuerpo de nuestro Señor. Sentimos que la misión de hacer discípulos es una tarea fastidiosa y difícil en vez del propósito verdadero del seguidor de Jesús.
¿A dónde buscamos inspiración para descubrir de nuevo la pasión por Dios y su Reino? El ejemplo de nuestro Señor nos ayudará.
El apóstol Juan cuenta en su Evangelio de una vez que Jesús fue al templo a adorar. El propósito del templo era que fuera el lugar en el que Dios habitaba entre ellos. Pero Jesús encontró que ellos lo estaban usando para su propia conveniencia, para hacer negocios y ganar dinero. Cuando vio esto, sacó a la fuerza a los que estaban vendiendo allí, y arruinó su negocio.
Juan 2:17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: “EL CELO POR TU CASA ME CONSUMIRA.”
Jesús tomaba muy en serio a su Padre — Dios —, a la misión de Dios, a el Reino de Dios y a la adoración de Dios. Era el centro de su vida. Estaba totalmente entregado a esto. Y no toleraba que otros jugaran con las obras de Dios.
Como sus seguidores, nosotros debemos tener el mismo celo por su Reino que Jesús tenía por la casa de su Padre. Para nosotros, el ministerio no debe ser sólo un trabajo; adorar a Dios no debe ser sólo una formalidad que tenemos que hacer; la reunión de la iglesia no debe ser sólo un compromiso más; obedecer a Dios no debe ser sólo un deber; compartir el Evangelio con los de afuera no debe ser sólo una buena idea; discipular a otros creyentes no debe ser el trabajo que evitamos y esperamos que otros hagan.
Más bien, nosotros debemos tener una gran pasión por el Reino, por la obra de la iglesia y por las almas. Igual a Jesús, esta pasión debe consumirnos: debemos enfocarnos principalmente en el Reino; debemos dedicarnos al discipulado; debemos sacrificar nuestro reino por los compromisos en su Reino; debemos perseverar en las tareas que nos da; debemos poner la primera prioridad en las cosas del Reino; y debemos adorar a nuestro Dios con todo nuestro ser.
¡Seamos líderes consumidos con celo por el Reino de nuestro Señor!
Muchas veces en el ministerio, sentimos solos y aislados. Somos líderes, estamos al frente. Tenemos que tomar decisiones difíciles, y frecuentemente nos toca decir palabras que no son tan populares. Tenemos que exhortar y confrontar; tenemos que guiar y activar; tenemos que hacer y decir lo correcto, aun cuando nadie lo recibe. La tentación como líderes es mantenernos aislados y apartados.
Pero Jesús nos enseña que no debe de ser así. Más bien, puede haber un compañerismo único entre sus seguidores.
Una vez, Jesús estaba enseñando, y su madre y hermanos le vinieron a visitar. Esperan afuera, y cuando alguien le viene a avisar a Jesús, Él dice algo extraordinario acerca de familia en su Reino.
Mateo 12 46 Mientras Jesús aún estaba hablando a la multitud, Su madre y Sus hermanos estaban afuera, deseando hablar con El. 47 Y alguien Le dijo: “Tu madre y Tus hermanos están afuera y Te quieren hablar.” 48 Pero Jesús respondió al que Le informó: “¿Quién es Mi madre, y quiénes son Mis hermanos?” 49 Y extendiendo la mano hacia Sus discípulos, dijo: “¡Miren, aquí están Mi madre y Mis hermanos! 50 Porque cualquiera que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos, ése es Mi hermano y Mi hermana y Mi madre.”
Jesús dice que hay un vínculo que se forma entre los que trabajan juntos en su Reino. Dice que llegamos a ser familia. Es más, este vinculo es más fuerte y más real que el vínculo que une la familia de sangre.
Si nosotros colaboramos en su Reino, compartimos este conexión familiar los unos con los otros. También, la compartimos con Jesucristo.
Por lo tanto, en vez de estar solos y aislados, debemos:
Debemos ser familia con los que colaboran en el Reino con nosotros.
Debemos ver a las personas que trabajan con nosotros en el ministerio como nuestra familia. Debemos apreciar la familia que se forma alrededor de nosotros en el Reino. Debemos invertir tiempo y amistad en estas personas.
Cuando vivimos así, sentimos menos aislados y solos, y experimentamos más de la familia real y verdadera que hay en el Reino de Jesús.
¡Seamos líderes que — como Jesús — pueden decir que nuestra familia verdadera es el grupo de personas que colaboran con nosotros en el Reino!
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(para el manuscrito de este mensaje, recomiendo a que veas el capítulo #8 del libro La Base)
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