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Cuando preparamos enseñanzas (sermones, mensajes, clases, o predicaciones), sentimos que tenemos que decir algo nuevo y diferente; que tenemos que ser creativos e innovadores. No es malo ser creativos al escribir nuestras enseñanzas, tenemos que presentar nuestro texto bíblico de una forma que conecte con nuestros oyentes.
No obstante, tenemos que recordar que a la vez, siempre contamos la misma historia. Lo que está al centro de nuestros mensajes siempre debe ser lo mismo. No importa el texto que nos toca enseñar, todos hablan de lo mismo.
Toda la Biblia cuenta una historia, con un héroe, hay un mensaje y una aplicación. En su centro, todos nuestros textos bíblicos hablan de lo mismo. Lo presentan de diferentes ángulos y perspectivas, pero es la misma historia.
Por lo tanto, todos nuestros mensajes deben hablar de lo mismo. Hay algo que va en todo mensaje bíblico y en toda predicación cristiana.
La historia de Dios que corre por toda la Biblia es que:
Cristo es el Héroe y la Figura central de esta historia, y por lo tanto, de toda la Biblia. Él es el Hijo de Dios, Él es Dios, Él es Dios encarnado, Él es el gran Profeta, Sacerdote y Rey. Toda la Biblia habla de Él (Lucas 24:27).
El Evangelio es el mensaje central de toda la historia de Dios. El Evangelio es la buenísima noticia que podemos hallar paz con Dios por medio de Jesús; que podemos llegar a ser hijos amados del Rey; que podemos recibir perdón y aprobación en vez de la ira y castigo que tanto merecemos. Este mensaje de perdón y reconciliación con Dios por medio de Cristo es el tema de toda la Biblia. Es demostrado en cómo Dios se llevaba con su pueblo Israel; es prometido por los profetas; es realizado en la vida, muerte y resurrección de Jesús; y todas las epístolas del Nuevo Testamento lo proclaman.
Esta historia, su Héroe Jesús y el Evangelio de paz con Dios por medio de Jesús tiene que aparecer — de una manera u otra — en cada mensaje Cristiano.
Tenemos que levantar a Cristo y enseñar el Evangelio en cada mensaje. Cuando escribimos nuestras enseñanzas, debemos tomar como ejemplo al apóstol Pablo. Todas sus cartas a las iglesias y a sus seguidores contienen grandes explicaciones del Evangelio y fuertes proclamaciones de Cristo como el Rescatador y Salvador. Nosotros debemos imitarlo cuando enseñamos.
Para hacerlo, tenemos que relacionar el texto de cada mensaje con Jesús y el Evangelio. Tenemos que buscar a Jesús y a los temas del Evangelio (creación, rebeldía, reconciliación) en toda escritura que enseñamos. Los hallaremos en cada texto bíblico porque están en todo. Y cuando los encontramos, tenemos que proclamarlos y hacerlos el centro de nuestro mensaje.
Este mensaje universal informa y forma la aplicación de nuestros mensajes también. En términos generales, proclamar a Cristo y al Evangelio siempre nos lleva a la misma aplicación: arrepentirte y creer el Evangelio. Para el que todavía no es Cristiano, esto significa tomar la decisión de seguir a Jesús por arrepentirse y bautizarse (Hechos 2:38). Para el Cristiano, la aplicación específica es creer lo que eres en Cristo e imitarlo más (según la aplicación específica del texto del mensaje).
¡Seamos líderes quienes exaltan a Cristo y proclaman el Evangelio en cada predicación!
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